21/7/17

La gran evasión



Hace un año llegaron a casa una pareja de Agapornis personatus en una jaula enorme en la que cabría yo sin agacharme demasiado: era el regalo de primera Comunión para Patricia. Más tarde alguien nos regaló un par de ruidosos e incallables periquitos. Y otro alguien apareció con una carolina que encontró en su gallinero y que no podía volar. Hace unos días murió la hembra agapornis y nos dejamos un fajo de billetes en la pajarería para sustituirla. Pues bien, resulta que el sustituto nos salió muy espabilado y ayer se las apañó para abrir la puerta cuando la jaula estaba en el balcón. Y nada, los cinco pájaros se fueron volando felices, al parecer sin billete de vuelta. En cuanto nos dimos cuenta salimos corriendo a la calle con los prismáticos, un reclamo y un cazamariposas. Logramos ver a la carolina y a uno de los agapornis echando unos vuelos muy decididos sobre los tejados de las casas. Su estancia en una jaula tan amplia les ha permitido tonificar bien los músculos, así que no va ser fácil darles caza. Si se aclimatan bien a los jardines del barrio nos habremos convertido en cómplices de la invasión de especies exóticas de nuestro entorno.


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